Envenenamientos en Gran Bretaña en 1957
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Suicidios Accidentes
Aspirina 116 44
Barbitúricos 522 208
Morfina y derivados 17
Salicilato 9
Estupefacientes y analgósicos 11 26
Cianuros 33 13
Amoniaco 11
Ácido clorhídrico y otros 15 6
Alcohol 20
Disolventes industriales 4
Diversos 82 32
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Pero en estos cuadros faltan los envenenamientos por el óxido de carbono. En
todos los países estos son muy numerosos, tanto más cuanto mayor sea el
contenido en el gas de alumbrado de este gas nocivo, incoloro, inodoro y mortal
a diluciones medias de 1 a 2 litros por m3. Conviene no olvidar que, si bien el
gas producido por la pirogenación de la hulla contiene alrededor del 5 % de
óxido de carbono, se le adiciona gas de agua, con lo que esta proporción se eleva
del 15 al 20 %; el escape prolongado de este gas insidioso con frecuencia tiene
consecuencias fatales. Además, un accidente de este tipo se produce por muchos
motivos: mala calidad de un tubo de caucho, apagado por descenso de presión o
por ebullición tumultuosa, llave que ha permanecido imprudentemente abierta,
tubo de salida defectuoso.
De una estufa de combustión lenta sin aireación suficiente, de una chimenea
fisurada, de un horno de carbón de madera, se desprenden igualmente cantidades
de este gas tóxico suficientes para provocar accidentes mortales. Deberá llevarse
a cabo, con insistencia, la educación de los usuarios, pues nunca se insistirá
demasiado en los peligros del óxido de carbono que ha causado, en la región de
París y en el transcurso de los últimos años, por lo menos 5 intoxicaciones cada
2 días, 3 de las cuales han sido mortales. Además, los procedimientos de
salvamento de los asfixiados —práctica de la respiración artificial,
oxigenoterapia, etc.— deberían enseñarse de una manera práctica en todas las
escuelas. Los cursos de socorrismo sobre estos temas deberían ser seguidos por
cualquier persona que pueda intervenir en una intoxicación por óxido de
carbono.
Hay un tipo de envenenamiento accidental que debe también retener nuestra
atención: las intoxicaciones alimentarias. Algunas de las estadísticas
precedentes destacan su frecuencia; pueden tener causas diversas.
Algunos de estos envenenamientos son producidos por el mismo alimento, como
los envenenamientos por hongos venenosos, que cada año causan víctimas. ¡
Cuántos ignorantes se vanaglorian de distinguir perfectamente un champiñón
cultivado o una seta de campo de las amanitas, cuya toxina, la falina, raras veces
perdona a los degustadores imprudentes! Es preciso, también aquí, educar al
público desde la infancia, y en la escuela primaria, en las clases de lecciones de
cosas, es donde conviene llamar la atención de los niños y hacerles diferenciar
las raras especies verdaderamente mortales de las especies sólo ligeramente
peligrosas o indigestas. Es esta una labor útil a la que se han dedicado con
provecho muchos maestros.
Entre los vegetales falsamente reputados como comestibles, citaremos las hojas
de ruibarbo. Mientras que el pecíolo de esta planta es muy apreciado por los
gastrónomos en forma de compota o de confitura, la parte verde de la hoja
consumida en vez de espinacas, acederas o ensalada cocida, provoca accidentes
muy graves debidos al ácido oxálico y otros principios tóxicos, aún mal
conocidos, que contiene en cantidad importante, contrariamente al pecíolo. Por
ello, algunas Academias de Medicina han recomendado no consumir las hojas
de ruibarbo.
Se conocen casos mortales de envenenamientos de los que son responsables
algunos mejillones; muchos recuerdan las intoxicaciones de Wilhelmshaven o de
California. Gracias a largas y minuciosas investigaciones ha sido posible, hace
algunos años, aislar de los mejillones de California una sustancia tan peligrosa,
que ocasiona accidentes mortales en ratones a la dosis de 0,00000003 g por
gramo de peso. Esto significa que una cantidad inferior a 2 mg puede matar a un
hombre de 60 kg; esta mitilotoxina es uno de los venenos más tóxicos conocidos
en la actualidad. De todas formas, debemos tranquilizar a los consumidores, ya
que los viveros de mejillones están perfectamente controlados y no poseen
especies toxicas.
Otros casos de intoxicaciones alimentarias son debidos a la ingestión de
alimentos que se han transformado en tóxicos a consecuencia de una
proliferación microbiana y difusión de toxinas en carnes mal conservadas o en
pasteles de nata, que constituyen unos excelentes medios de cultivo para
bacterias muy patógenas. Nunca se prevendrá lo suficiente la imprudencia de los
portadores de gérmenes que manipulan alimentos, de los comerciantes que
extienden inconscientemente sus productos alimenticios en contacto con los
peores contaminantes, o de las cocineras que por ignorancia o por economía
esterilizan de forma imperfecta conservas de carnes. De esta forma, todos los
años las salmonelosis y el botulismo provocan numerosos envenenamientos
mortales.
Finalmente, se producen accidentes por alimentos en los que se encuentra
mezclada, por falta de atención o por negligencia, una sustancia tóxica tal como
arsénico o plomo. Un solo error de este tipo puede causar gran número de
víctimas. Un caso típico de intoxicación arsenical de esta clase es el siguiente:
En diciembre de 1931, cuatro marinos son hospitalizados en El Havre por
erupción cutánea. Se piensa en una intoxicación de origen alimentario o por un
metal pesado en contacto con la piel.
Muy pronto la epidemia se extiende a las tripulaciones de dos grandes
compañías de navegación.
Ahora bien, es de notar que estas compañías tienen distintos proveedores para
todas las mercancías, salvo para el vino. Se orientan tanto más de este lado las
investigaciones al observarse que los oficiales, que beben un vino diferente, no
presentan ningún caso de intoxicación, a excepción de dos, que confesaron haber
bebido vino de la tripulación, y que los marineros que no beben vino —en
especial los árabes— no están afectados.
El análisis mostró la presencia de arsénico en una proporción de 3 a 19 mg por
litro de vino. Una vez hecho el diagnóstico, se enviaron mensajes por radio, lo
que no impidió que la epidemia tomara gran difusión al haber hecho ya el vino
falsificado su efecto.
Verosímilmente, el arsénico provenía de la pulverización de las viñas por medio
de caldos cúpricos que contenían arsenicales solubles, los cuales pasaban al vino
durante la fermentación.
Incluso el agua puede provocar intoxicaciones de saturnismo por el plomo que
puede contener en ciertas condiciones. En efecto, las aguas de origen granítico
se llaman «agresivas»; por su escasa mineralización y su débil acidez, agravada
por un notable contenido de oxígeno disuelto, estas aguas atacan las tuberías de
plomo, tanto si permanecen en ellas como si discurren por las mismas. La
cantidad de plomo que se disuelve puede ser de uno o varios miligramos.
Además, el saturnismo se provoca rápidamente con la absorción diaria de un
miligramo de plomo durante algunas semanas. Son numerosas las conducciones
de agua llamadas «potables» que han causado esta afección en forma de
verdadera epidemia. Se impone, pues, la recalcificación del agua para corregir
su agresividad.










