LOS MÉTODOS DE LA TOXICOLOGÍA MODERNA

LOS MÉTODOS DE LA TOXICOLOGÍA MODERNA
En la Introducción de esta obra he señalado los principios en que debe basarse
cualquier investigación toxicológica, siempre delicada debido a la gran dilución del
principio tóxico, en la atmósfera o en las vísceras. Resumiendo, recordemos que el
toxicólogo debe emplear reacciones lo suficientemente sensibles y especificas para
la identificación y valoración de los venenos, cuya extracción, a partir de materiales
complejos, debe asegurarse cuantitativamente. Antes de describir algunos de los
perfeccionamientos realizados en la técnica toxicológica, estudiaremos las
condiciones experimentales con las que se encuentra generalmente el experto.
Si se trata de venenos gaseosos o volátiles, su gran dilución en la atmósfera tóxica
requiere la puesta a punto de métodos analíticos perfectamente adecuados para
asegurar su detección o su valoración. Su investigación en las vísceras o en la
sangre constituye un problema muy delicado. En efecto, la mayoría de estos tóxicos
pueden provocar accidentes graves, incluso a concentraciones muy pequeñas en la
atmósfera respirada, y debido a su volatilidad pueden eliminarse rápidamente del
organismo sin dejar trazas. Es el caso del oxicloruro de carbono o del cloro. Si son
retenidos en cantidad apreciable, su fijación en los lipoides viscerales es a veces tal,
que es necesario utilizar reactivos bastante enérgicos para asegurar la separación
total; es lo que ocurre, por ejemplo, con el sulfuro de carbono o el benceno.
Si se trata de venenos orgánicos tales como los alcaloides, los barbitúricos o los
digitálicos, la dificultad no es menor. Aparte de que poseen una actividad
fisiológica tal que bastan dosis muy pequeñas para ocasionar trastornos muy
graves, sufren profundas transformaciones en el organismo, pues este pone en juego
los mecanismos de defensa más diversos para neutralizar la acción tóxica de tales
compuestos. En consecuencia, las cantidades de veneno que puedan existir en las
vísceras sin haber sufrido modificaciones son muy pequeñas.
No se debe olvidar, al respecto, un hecho fundamental en toxicología: el organismo,
al reaccionar contra la entrada de un tóxico, se esfuerza en anular o atenuar sus
efectos. En el caso de productos orgánicos, lo efectúa mediante reacciones de oxidación,
reducción, conjugación, etc., que actúan sobre la molécula volviéndola
menos nociva. Si el organismo vence en esta lucha, habrá transformado la totalidad
del veneno, cuya investigación directa será en consecuencia, imposible; es el caso,
por ejemplo, de la morfina, cuya detección resulta tan delicada debido a su
transformación total en la célula hepática, si se administra este alcaloide a dosis
demasiado pequeñas para ser inmediatamente mortales para dicha célula. Si, por el
contrario el organismo resulta vencido, una parte del tóxico habrá resistido a su
reacción de defensa y podrá ser aislado en su estado original de las vísceras; pero
puede surgir una nueva dificultad:
después de la muerte, en el transcurso de los fenómenos de putrefacción, este
veneno puede sufrir nuevas alteraciones por acciones microbianas. La investigación
del tóxico no modificado resulta, pues, difícil, y es indispensable efectuar
igualmente la de sus productos dc transformación in vivo o post mortem.
Finalmente, si se trata de venenos minerales, su detección no está menos erizada de
dificultades. Evidentemente, tras la absorción dc algunos dcci-gramos de sal
mercurial o de ácido arsenioso, el toxicólogo podrá aislar el tóxico del tubo
digestivo o de sus órganos anejos con relativa facilidad, pero debe asegurarse la
extracción total, so pena de que quede alguna duda sobre la veracidad de los
decimales indicados en los resultados del informe del dictamen. Además, no debe
olvidarse que el tóxico está diluido en una masa visceral generalmente
considerable, cuya destrucción por mineralización se realiza mediante reacciones a
veces muy enérgicas y puede ocasionar pérdidas difíciles de evitar totalmente. Esta
observación adquiere una gran importancia cuando se estudian intoxicaciones
lentas, tan frecuentes en las enfermedades profesionales. En este caso, ya no son
decigramos de tóxico los que pueden encontrarse en los órganos, sino cantidades
mucho más pequeñas, cuya extracción total exige minuciosas precauciones.
Al principio de este capitulo me ha parecido necesario destacar las dificultades que
encuentra cl toxicólogo, que debe aportar una prueba irrebatible de la presencia de
un veneno en el medio en cuestión, realizando su aislamiento e identificación al
estado de pureza. La mayoría de las veces estas dificultades se han superado gracias
a los métodos propuestos por investigadores, pero reaparecen al estudiar cualquier
tóxico nuevo. Se comprende, pues, cuán necesario es perfeccionar continuamente la
técnica toxicológica, y para ello aprovechar los progresos realizados en análisis.
Se trata de un problema que, para ser resuelto de forma satisfactoria, exige una gran
habilidad experimental, no sólo en los métodos químicos, sino también en los
físicos o biológicos, tal como se verá más adelante al dar algunos ejemplos demostrativos
de diferentes clases de tóxicos.