Toxicología e higiene industrial
Lo expuesto hasta aquí muestra la importancia dc la toxicología en relación con
la medicina legal y las toxicomanías; la noción de venenos industriales sólo ha
adquirido verdadera importancia a partir del gran desarrollo de la industria
química. La atención de los higienistas se dirigió hacia el estudio dc las medidas
profilácticas susceptibles de impedir la alteración de la salud de los trabajadores
en algunas profesiones en las que se manipulan sustancias nocivas.
Enfermedades profesionales en diferentes países, en 1930
Francia Gran Bretaña Alemania
Plomo
Cromo
Manganeso
Fósforo y POC13
Mercurio
Sílice
Arsénico
Álcalis y cáusticos
Vapores ácidos
Anilina y derivados
Alquitranes, brea y petróleo
Óxido de carbono
Anhídrido carbónico
Ácido sulfhídrico
Anhídrido sulfuroso
Sulfuro dc carbono
Cloro. Oxicloruro de carbono
Peróxido dc nitrógeno
Amoníaco
Benceno
Gasolina de petróleo
Tricloroetileno y disolventes
Ácido cianhídrico
Rayos X
1682
6
21
47
11
50
13
11
2
9
3
4
15
6
6
2
265
95
3
1
24
194 (36)
94 (10)
2 (1)
3
4
6
5
2
6 (1)
1
1
1(1)
1801
6
3
99
29
48
130
195
187
36
111
6
13
Total 1884 709 2664
( Entre paréntesis se indican los casos mortales. )
Como es lógico, la toxicología se ha orientado hacia un conocimiento más profundo
del veneno industrial, y esto con varios propósitos: primero, para poner a
punto técnicas de detección de los tóxicos en la atmósfera o en las excreto de los
obreros; después para establecer la toxicidad y el modo de acción de compuestos
hasta entonces poco conocidos y cuya nocividad no se manifestó hasta su
empleo industrial; finalmente, para establecer medidas que aseguren la lucha
contra el desarrollo de las enfermedades profesionales.
El toxicólogo debe ser considerado como un consejero, a menudo muy
importante, capaz de hacer tomar medidas de profilaxis o de informar a los
industriales sobre problemas nuevos, cumpliendo un deber social de gran
interés.
El cuadro anterior expone las intoxicaciones profesionales en diferentes países
en 1930, demostrando la importancia de algunas de estas intoxicaciones tales
como el saturnismo o la silicosis.
En Francia, en 1952, el Ministerio del Trabajo registró 3.267 casos de
enfermedades profesionales que dieron derecho a indemnización, cuyo detalle es
el siguiente:
Enfermedades profesionales
que dan derecho a indemnización, declaradas en Francia (1952)
Plomo y sus sales 302
Mercurio y sus sales 9
Benceno 173
Fósforo 2
Cemento 1.256
Derivados clorados del etileno 118
Rayos X 13
Cromo y derivados 167
Aminas aromáticas 106
Brea 46
Estreptomicina y derivados 23
TOTAL 3.267
Total de años anteriores
1936 521 1950 3.066
1939 983 1951 3.228
1947 6.987
Finalmente, antes de terminar con los datos estadísticos, es interesante indicar el
aumento de las intoxicaciones por los compuestos gaseosos y volátiles, que
constituyen la mayor parte de los venenos industriales, aunque los productos
pulverulentos (bióxido de manganeso, anhídrido arsenioso, productos
radiactivos) son responsables de muchas intoxicaciones profesionales.
Contra los venenos industriales, que causan muchas intoxicaciones crónicas, la
tarea a cumplir por eí toxicólogo y por el higienista es considerable y cada día
más compleja, a consecuencia de la constante evolución de las industrias
químicas.
La creación dc Institutos del Trabajo, donde tienen un lugar importante los
toxicólogos, es ya un hecho en muchos países. La enseñanza de la Medicina del
Trabajo —cuyos promotores en Francia fueron Leclercq (Lille), Mazel (Lyon),
Duvoir y Fabre (París)— tiene ahora carácter oficial, gracias a la creación de
certificados expedidos en las facultades de varios países. Estas enseñanzas son
seguidas cada año por varios centenares de oyentes; estamos, pues, lejos de
aquellos escasos alumnos que se interesaban por la medicina del trabajo hace tan
sólo 40 años.
Para destacar el interés de las estadísticas precedentes, citaremos algunos
ejemplos típicos de intoxicaciones accidentales relacionadas con las
enfermedades profesionales, para mostrar que la manipulación de los productos
químicos más diversos a veces puede ser nociva, y que es necesario paliar los
peligros de su empleo.
El considerable desarrollo de la síntesis orgánica desde hace unos 40 años ha
sido la causa de numerosísimas intoxicaciones. Esta síntesis orgánica requiere
cantidades enormes de cloro, fosgeno, amoniaco, ácido sulfúrico o ácido nítrico,
cuya manipulación presenta constantes peligros, no sólo para los obreros de la
industria química, sino también para los habitantes de las ciudades próximas,
como varios casos han puesto en evidencia.
Recordemos, a este respecto, el accidente que se produjo el 20 de mayo de 1928
en Hamburgo, donde, a consecuencia de una fuga en un gasómetro, se
extendieron 11 toneladas de oxicloruro de carbono por los suburbios de esta
ciudad. Hubo 300 enfermos ingresados en los hospitales y de 10 a 15 casos
mortales, número pequeño en realidad, gracias a la rapidez de la intervención
médica, basada en la experiencia adquirida en el transcurso de la Primera Guerra
Mundial.
El desarrollo de la industria metalúrgica puede causar la contaminación de la
atmósfera de manera inesperada. Las nieblas que se acumularon, debido a las
especiales condiciones meteorológicas, en el valle del Mosa a principios de
noviembre de 1930, debían su nocividad —según el informe de los toxicólogos e
higienistas belgas en la Real Academia de Medicina de Bélgica— tan sólo a los
derivados sulfuroso y sulfúrico que contenían. El estudio minucioso emprendido
al respecto permitió, efectivamente, eliminar todas las demás causas de
contaminación de la atmósfera (ácido fluorhídrico, óxido de carbono, gases
tóxicos diversos).
Dentro de este tema hay una cifra impresionante: la acidez de la nieve en la
región de Lieja en 1899 y en 1931; en 1899, la nieve contenía de 0,002 g a 0,007
g de azufre expresado en SO2 por litro; en 1931, contenía de 0,009 g a 0,026 g;
esto es una prueba evidente de la contaminación del aire por las sustancias
azufradas.
La creación en esta misma época, dentro de unos populosos barrios de Londres,
en Battcrsea, de importantes instalaciones industriales que consumían grandes
cantidades de combustibles, inquietó al Servicio de Higiene británico, pues
debido a la conocida frecuencia de nieblas en la cuenca del Támesis, la
atmósfera podría resultar, como en Bélgica, muy viciada a causa de la
producción diaria de anhídrido sulfuroso en gran cantidad. Posteriormente, se
han producido accidentes en Estados Unidos, en especial en Donora y Los
Ángeles, con el mismo origen y requiriendo las mismas soluciones.
Si evaluamos en 2.000 toneladas el consumo diario de hulla en esta central
eléctrica, al contener dicho combustible alrededor del 1 % dc azufre, habría una
producción de 40 a 50 toneladas de anhídrido sulfuroso diarias, lo que es grave
en una ciudad con nieblas. No obstante, según Haldane. no hay que temer
accidentes en Londres en razón del calor desprendido por la ciudad, lo que evita
la producción de un techo meteorológico. Por otra parte, se tomaron todas las
precauciones para evitar los desprendimientos de humos en esta instalación.
No obstante, las contaminaciones del aire de las ciudades por los gases y polvos
industriales preocupan a los higienistas; debido al desarrollo de la industria, este
problema presenta cada vez mayor gravedad, y los poderes públicos de
numerosos países se esfuerzan en encontrar soluciones satisfactorias.
Las investigaciones sobre la silicosis han sido importantes desde hace algunos
años, y han contribuido a aclarar muchos puntos al respecto. Son muchos los
profesionales (mineros, canteros, obreros de fábricas de cemento, diamantistas)
que corren el riesgo de ser afectados.
No se podía pensar en clasificar la sílice entre los tóxicos dignos de interés,
hasta que investigaciones histológicas e histoquimicas establecieron la formación
de nódulos silicóticos en los pulmones, relacionados, al parecer, con el
desarrollo de la tuberculosis. La silicosis es la forma más peligrosa de las
neumoconiosis, ya que la antracosis y la siderosis producen accidentes mucho
menos graves.
Los aceros al manganeso han tomado considerable importancia en metalurgia, y
su preparación requiere la manipulación de cantidades importantes de
manganeso y de su principal mineral, MnO2. Los obreros que se ocupan de la
pulverización de este mineral presentan con bastante rapidez trastornos
nerviosos, parálisis progresiva de los miembros inferiores y. al mismo tiempo,
dificultad de palabra. Esta intoxicación se inicia con trastornos en la marcha,
caracterizados por el «paso del gallo» o «Hahnestritt» de Von Jaksch; a
continuación se observa nerviosismo, temblores nerviosos y luego parálisis. La
analogía entre estos síntomas y los del parkinsonismo permite sospechar
lesiones entrales análogas. Cuando se aparta a los obreros de los talleres
peligrosos, la curación es lenta y a veces las lesiones son definitivas,
ocasionando incapacidad para el trabajo.
Mi alumno Lemos mostró la fijación del manganeso, en especial en el cerebro,
en las glándulas endocrinas y en la médula ósea. Esta fijación es tenaz, lo que
puede explicar la importancia del traumatismo provocado.
Sólo gracias a tales observaciones se han tomado medidas de protección y de
ventilación que permiten paliar los peligros del manganismo.
Por ejemplo, el cadmio se usa mucho desde el desarrollo de los usos de los
acumuladores alcalinos, que llevan un electrodo positivo a base de óxido de
níquel y un electrodo negativo constituido por una mezcla de hierro y cadmio. El
polvo hierro-cadmio se obtiene por electrólisis y se introduce en tubos metálicos
implantados en armazones de acero. La atmósfera del taller contiene polvos
ricos en cadmio que se absorben por vía pulmonar y que pueden provocar
accidentes, la mayoría de los cuales se han señalado como característicos de la
intoxicación cádmica: astenia, trastornos gástricos, rigidez de los miembros
inferiores, lesiones óseas, síndrome de Milkmann. Señalemos, además, que la
lesión gingival amarillo-cádmico aparece en los manipuladores de este metal, lo
que constituye una excelente prueba de impregnación por el cadmio.
Por otro lado, cuando no se siguen las prescripciones de ventilación e higiene
industrial, se han observado accidentes análogos durante las operaciones de
cadmiado electrolítico.
Dentro de este mismo tema, el desarrollo de la industria del aluminio en las
regiones con hulla blanca ha hecho aparecer numerosos casos de intoxicaciones
de ganado en los alrededores de las fábricas donde se realiza la hidrólisis de la
bauxita. Los animales sufren caquexia, siendo de destacar que los habitantes no
sufren ningún síntoma análogo. Actualmente, gracias a los trabajos de Cristiani
y sus discípulos, sabemos que estos accidentes se deben a la acción de los
derivados fluorados que se desprenden con abundancia durante la preparación
del aluminio, ya que la fusión de la bauxita se consigue por la adición de criolita,
fluoruro doble de aluminio y sodio. Se han señalado accidentes idénticos en las
proximidades de las fábricas de superfosfatos, donde se tratan con ácido
sulfúrico los fosfatos naturales que normalmente contienen fluoruro cálcico, con
lo que hay desprendimiento de ácido fluorhídrico que se difunde por la atmósfera.
Como sea que los tóxicos fluorados se eliminan por lavado, se comprende que
las hortalizas y verduras de nuestra alimentación no provoquen ningún
accidente, mientras que el forraje, que no se lava, puede intoxicar fácilmente a
los animales; esto explica la localización de la caquexia fluorótica en cl ganado.
El radio y los productos radiactivos —cuya bienhechora es tan apreciada en
terapéutica— provocan numerosos accidentes, tanto superficiales como
profundos: dermatitis, trastornos endocrinos, necrosis óseas, neoformaciones,
etc.; su empleo requiere medidas de protección muy severas para los enfermeros
y, por otra parte, para los obreros que manipulan estas sustancias. A este
respecto, la «enfermedad de Joachimstalil» ha sido objeto de un estudio
verdaderamente impresionante, ya que demuestra la mortalidad precoz y
frecuente de los obreros de las minas de pecblenda, que sometidos a la acción de
los polvos radiactivos diseminados en el aire los absorben por vía respiratoria. A
partir de esto es fácil prever el desarrollo de canceres pulmonares.
Recientemente se han observado frecuentes accidentes, graves o mortales, en
obreros que utilizan pinturas fluorescentes a base de sulfuro de cinc adicionado
de productos que llevan radio; estos accidentes se caracterizan por una gran
disminución de los hematíes y de los leucocitos polinucleares y, sobre todo, por
necrosis del maxilar, consecuencia dc la mala costumbre que tienen las obreras
de sostener su pincel con los labios antes de emplearlo para extender los
barnices radiactivos en las agujas o esferas luminosas de los relojes. Una obrera
que puede pintar de 200 a 300 esferas por día ingiere de 3 a 40 mgr de sustancia
radiactiva. Así pues, deben tomarse grandes precauciones ante el desarrollo de
las aplicaciones de la química nuclear, tanto en el transcurso de las manipulaciones
como en lo que concierne a la contaminación de la atmósfera y las aguas
residuales.
Por el desarrollo de la química nuclear y de los usos cada vez más frecuentes de
la energía atómica, es de temer que se produzcan accidentes, en particular por
falta de prudencia en la eliminación de los residuos de las pilas; las soluciones
propuestas deben poner a cubierto de cualquier peligro no sólo a los hombres de
la generación actual, sino a los que en las generaciones venideras podrían sufrir
trastornos más o menos graves a causa de la difusión de los residuos radiactivos.
Los industriales deben estar informados de los peligros de manipulación de
numerosos productos orgánicos para tomar todas las medidas profilácticas
indispensables, que, muy a menudo, por ignorancia o negligencia, no se tienen
en cuenta. Nos acostumbramos a jugar con fuego, por lo que el cometido del
toxicólogo debe ser llamar la atención de los ingenieros que dirigen la
manipulación de los productos nocivos y educar a los obreros para convencerlos
de lo justificado de los reglamentos promulgados.
Durante mucho tiempo se sospechó de la nocividad del bromuro de metilo, muy
empleado como extintor de incendios e insecticida.
Este líquido, muy volátil, si no se manipula en una vitrina con buen tiro, puede,
al penetrar por vía pulmonar y alcanzar los centros cerebrales, provocar al cabo
de unas horas accidentes convulsivos graves que, con demasiada frecuencia, se
asimilan al delirium tremens de los alcohólicos. Al haberse demostrado la
peligrosa nocividad del bromuro de metilo se siguen mejor las medidas de
protección.
El benceno, cuyos usos industriales son muy numerosos en los talleres de
desengrasado o de heliograbado y en las manipulaciones del caucho, tiene una
acción tóxica temible debido a su fijación en la médula ósea y en los órganos
heinatopoyéticos. Provoca alteraciones profundas en la fórmula sanguínea:
disminución del número de glóbulos rojos, leucopenia, agranulocitosis y
modificaciones dc la coagulabilidad sanguínea, que ocasionan epistaxis y
metrorragias frecuentes en la mujeres. En muchos países se han promulgado
decretos que imponen visitas médicas y revisiones frecuentes dcl personal.
El sulfuro de carbono, utilizado en cantidades considerables en la industria del
rayón, se fija con una selectividad y energía tales en los centros nerviosos, que
incluso a grandes diluciones (dcl orden dcl 1/50.000) puede provocar con el
tiempo trastornos oculares o centrales de difícil curación. También en este caso
deben dictarse severas prescripciones con respecto a la ventilación dc los talleres;
su aplicación debe ser tanto más controlada dado que, en el caso del sulfuro
de carbono, además peligro de intoxicación, los riesgos de inflamación y
explosión son considerables.
La fabricación de algunos productos orgánicos, tales como los derivados
nitrados, aminados o dorados de los hidrocarburos aromáticos, provoca a veces
intoxicaciones muy graves durante su fabricación o, sobre todo, durante el
empleo de estos productos en la tinción (le cueros o pieles. Esta tinción se
realiza por oxidación con agua oxigenada o mediante catalizadores apropiados
(V2O5), de mezclas de sustancias de los grupos precedentes (m- y pfenilenodiamina,
p-aminofenoles, etc.), que constituyen las «furaminas» y los
ursoles. Se obtienen productos no peligrosos, con colores muy variados, pero a
consecuencia del empleo de preparaciones defectuosas, insuficientemente
oxidadas, se observan dermatitis graves en los obreros encargados (le manipular
estas preparaciones, así como en los usuarios de cueros y pieles.
En diversos países las dermatosis causadas por los derivados dorados del
naftaleno están sujetas, pero sólo desde hace pocos años, a declaración e
indemnización.
Estos derivados dorados, o cloranoles, constituyen un aislante eléctrico cada vez
más usado, pero tanto mas nocivo cuanto más clorada es la molécula. Los
trabajos de higienistas y técnicos han probado que el derivado triclorado
satisfacía tanto a unos como a otros.
La anquilostomiasis es una afección muy frecuente. Causa anualmente decenas
(le millares de muertos en los trabajadores de las minas o de los cultivos de arroz
o de algodón. En 1909, .J. Roekefeller gastó un millón de dólares en el
tratamiento de 700.000 pacientes en todo el continente americano.
En 1880. durante la perforación del San Gotardo, se desencadenó una grave
epidemia entre los obreros piamonteses. Perroncito puso en evidencia la relación
entre la anemia perniciosa de los obreros y la presencia del anquilostoma. Este
fue un azote en las minas de Bélgica, pera ahora, gracias a estrictas reglas de
higiene, ha desaparecido.
Los estrongílidos (Ankylostomum duodenale Dub. en Europa, y Necator
americanus Stieles, en América) son pequeños gusanos de 8 a 10 mm de
longitud, cuya boca es una ventosa con una armadura de quitina provista de dos
pares de dientes ganchudos en la cara ventral y de dos pequeños dientes
dorsales.
Los síntomas de intoxicación que provocan son: una anemia muy grave,
causada por una toxina hemolítica segregada por el gusano. El enfermo tiene un
tinte amarillo verdoso, vértigos, fiebre; se observa una notable disminución del
numero de hematíes e hiperleucocitos con presencia de numerosos eosinófilos.
Es indispensable el examen de las heces para poner en evidencia los huevos y
establecer el diagnostico.
Todos estos ejemplos prueban abundantemente la importancia del estudio de los
tóxicos industriales para proteger la salud dc los obreros en las fábricas. Debido
a la pequeña cantidad de estos compuestos que se absorben diariamente, la
forma de intoxicación es lenta e insidiosa, por lo que la tarea del toxicólogo es
ardua, ya que debe efectuar tina detección segura a grandes diluciones.










