Toxicología y agricultura

Toxicología y agricultura
En agricultura, el uso racional de diversos tóxicos ha dado inmejorables
resultados en la lucha contra los parásitos de muchos vegetales: hongos,
bacterias, gusanos, insectos y sus larvas, e incluso animales superiores que
amenazan las cosechas. Un humorista ha dicho que sólo cosechamos lo que los
parásitos han querido dejarnos; la pérdida media de la producción agrícola es del
orden del 15 %, lo que representaba, hace algunos años, 2.000 millones de
dólares oro en Estados Unidos o 2.000 millones dc marcos en Alemania. Si han
sido posibles éxitos con el empleo de plaguicidas es gracias a profundos estudios
toxicológicos, y debe recomendarse su uso sólo a los agricultores que conozcan
suficientemente los peligros que se presentarían, caso de un empleo incontrolado
de estos productos.
La idea de destruir los insectos por medio de sustancias que para ellos son
venenos es muy antigua. Plinio el Viejo, en su Historia Natural, recomendaba
fumigar los terrenos sometidos a invasiones de insectos con los humos
procedentes (le fogones alimentados con asfalto, resma o azufre, en presencia de
cenizas de madera y hierbas aromáticas.
Pero hasta mediados del siglo XIX, en 1858 y en Estados Unidos, no se aborda
científicamente la lucha contra plagas de este tipo. En esa época, los colonos que
cultivaban la patata se vieron desagradablemente sorprendidos por la invasión de
sus campos por colonias de insectos, las doriforas (Leptinotarsa decernlineota
L.), venidos dc las vertientes de las Montañas Rocosas y que emigraron en masa
hacia los campos de patatas, donde se desarrollaron y reprodujeron a placer. Esta
plaga se combatió con el acetarsenito de cobre o verde de París. La dorifora se
importó de Estados Unidos durante la Primera Guerra Mundial y la lucha contra
este insecto en Europa ha tomado, desde hace algunos años, una gran amplitud.
Su organización, basada en datos científicos seguros y dirigida por científicos
autorizados, da, finalmente, resultados inmejorables y alentadores. La plaga
parece que se ha combatido eficazmente y en la actualidad se trata de llegar a la
destrucción total de la dorifora, tarea larga y difícil.
El acetarsenito de cobre fue sustituído por el arseniato cálcico y después por cl
arseniato de plomo. Estos productos se han empleado demasiado a menudo de
forma desordenada, con lo que han aparecido sus inconvenientes, primero por lii
destrucción de las hojas, quemadas por las pulverizaciones de productos
demasiado alcalinos; posteriormente, pese a las afirmaciones un poco
prematuras de la no toxicidad de los derivados arsenicales, se produjeron
accidentes. El arsenicismo crónico ha sido confundido a menudo con otras
afecciones por médicos poco expertos, debido a su desarrollo insidioso e
impreciso y a su parecido con trastornos intestinales, nerviosos o cutáneos de
origen diverso; pero, en cambio se han señalado casos de saturnismo, que
prueban una vez más cl peligro del plomo absorbido en dosis muy pequeñas,
pero repetidas. Estos casos de saturnismo son debidos a la contaminación de las
aguas destinadas a la alimentación por papillas de arseniato de piorno utilizadas
en las pulverizaciones.
Este ejemplo prueba que es necesario informar a los usuarios de productos cuyo
empleo es, sin embargo, tan útil para la agricultura.
Las fumigaciones cianhídricas de los limoneros, destinadas a destruir cl «piojo
de san José» (Aspidiotus perniciosus L.), y preconizadas en 1917 por William
Dingle, dan inmejorables resultados, pero deben efectuarse con mucha
prudencia. Se realizan sistemáticamente en muchos países (Italia, Egipto,
Estados Unidos) en más dc 15 millones de árboles cada aun. El ácido
cianhídrico destruye también con gran rapidez los parásitos de la harina, y se
elimina por el aire sin dejar indicios tóxicos en la misma; aun en este caso su
empleo debe hacerse con precaución por manipuladores conocedores de su
toxicidad, siguiendo las reglamentaciones dictadas por las autoridades
competentes.
Gracias al fosfuro de cinc se combaten las invasiones del alacrán cebollero
(Gryllotalpa vulgaris L.), insecto ortóptero que causa estragos en los huertos al
cortar las raíces tiernas. Se cree que el fosfuro de cinc introducido en las galerías
excavadas por estos insectos, en contacto con la humedad del suelo, desprende
fosfamina, cuya toxicidad está demostrada, ya que se vuelve rápidamente peligrosa
a partir de una dilución de 1/2 mg por litro en la atmósfera. Precisamente
por esta marcada actividad, en varios países. Su uso por los agricultores ha sido
reglamentado y sometido al control de inspectores que verifican su empleo y
almacenamiento.
Entre los raticidas propuestos recientemente para destruir los ratones de campo,
roedores del género Arvicola, podemos citar, junto a la escila y el carbonato
bárico, el acetato de talio. El empleo de esta sal dio excelentes resultados en
América, pero es interesante conocer la desgracia de un granjero que,
habiéndolo utilizado sin precauciones, dejó su cebo tóxico al alcance de su
rebaño de ovejas. Estas lo ingirieron, sufriendo una intoxicación que se tradujo
en la pérdida total de su lana, ya que las sales de talio poseen, como es sabido,
notables propiedades depilatorias. Hubiera sido deseable que el granjero tuviera
algunas nociones de toxicología.
La nicotina rinde grandes servicios en fitofarmacia. Desde hace mucho tiempo
se utiliza zumo de tabaco con un contenido variable de nicotina, diluido en agua
jabonosa y pulverizado al atardecer, para destruir los pulgones. Para combatir
los parásitos de las plantas, se ha buscado estabilizar su accion disminuyendo su
volatilidad; para ello se ha propuesto el uso de diversas sales (sulfato, oleato,
tanato) en solución acuosa adicionada de aceite minera1. El empleo de
humectantes, que permiten una buena adherencia sin disminuir la actividad de la
droga, sólo puede llevarse a cabo con conocimiento de causa y se lía llegado,
gracias a las investigaciones de fitoterapeutas y toxicólogos, a fórmulas a base
de derivados sulfonados de alcoholes o de ácidos grasos que son satisfactorias
para los agricultores.
Pero no debe olvidarse que la nicotina es un alcaloide de gran toxicidad y de una
volatilidad tal, que su empleo sin precauciones en invernaderos calentados
provoca cada año intoxicaciones de jardineros que ignoran sus peligros. Se han
dictado reglas para su empleo, que es de desear sean seguidas para disminuir el
número de envenenamientos nicotínicos.
Todos estos plaguicidas presentan una notable toxicidad, por lo que se ha
abordado el estudio de sustancias susceptibles de ser tóxicas para los pequeños
organismos sin ser peligrosas para los animales superiores o el hombre.
Se ha realizado un gran progreso en este campo gracias al empleo de las plantas
con rotenona, tales como la Derris elliptica L., de la familia de las leguminosas.
Esta planta se utiliza desde antiguo en Japón, Borneo y las islas Filipinas como
veneno de flechas o para la pesca, debido a su gran toxicidad para los peces;
estos mueren en baños que contienen menos de 1 mg de rotenona por litro.
La rotenona, empleada como plaguicida, parece actuar a la vez como veneno
digestivo y de contacto; su acción por contacto es superior a la de la nicotina.
Ciertamente, la rotenona presenta inconvenientes debido a que es oxidable al
aire, sobre todo en solución, y a las dificultades encontradas para adheriría a los
vegetales con objeto de que su acción no sea demasiado fugaz.
Otro inconveniente es la escasez de esta droga y su elevado precio; pero
debemos confiar en los fitoterapeutas y los botánicos que se ocupan de este
problema y que, sin duda, lo resolverán en beneficio de los intereses de los
agricultores.
El pelitre, Chrysanthemum cineraricefolium L., de la familia de las compuestas,
es de procedencia dálmata y, en especial, japonesa; sus principios activos, las
piretrinas, se encuentran en el aparato secretor de las flores. Estas piretrinas
fueron estudiadas por Staudinger y Ruzicka; son venenos nerviosos, inofensivos
para los homeotermos cuando se absorben por vía bucal y sólo nocivos por vía
intravenosa. Para los poiquilotermos, por el contrario, son muy tóxicas hasta
diluciones de 1/50.000; a causa de su elevado precio y de su inestabilidad, su
empleo es relativamente limitado, pero su acción es notable en horticultura y
viticultura en la lucha contra la polilla del racimo (Clysia) y la polilla de las uvas
(Polychrosi). Para obtener buenos resultados es preciso hacer un estudio de los
diferentes factores que afectan la biología del parásito, la viscosidad de las
emulsiones y la naturaleza de los humectantes, ya que el uso empírico puede
llevar a lamentables fracasos. Las investigaciones en el campo fitofarmacéutico
han tomado una considerable amplitud desde la utilización de productos
sintéticos obtenidos a continuación del DDT. Se busca obtener productos de
efecto específico que permitan evitar la destrucción de especies beneficiosas,
como las abejas, o la alteración de los equilibrios biológicos naturales.
Las preocupaciones de los fitofarmacéuticos sc han dirigido igualmente hacia la
comprobación de la desaparición de cualquier resto de parasiticida en los
vegetales comestibles.
Se han efectuado importantes investigaciones en diversos países, habiéndose
obtenido en estos distintos campos resultados muy interesantes con gran
satisfacción de los servicios de higiene y agricultura.
El conocimiento de las propiedades biológicas y toxicológicas de algunos gases
ha rendido a los agricultores grandes servicios para el forcing de los frutos. En
muchos huertos se recolectan las frutas antes dc la madurez para evitar el ataque
de diversos parásitos; es el caso, por ejemplo, de las auranciáceas, naranjas o
limones.
Para asegurar la maduración se practica el forcing, que consiste en colocarlas en
una atmósfera muy diluida de algunos hidrocarburos, principalmente etileno. El
contacto con estos gases, que provocan una intensa plasmolisis a diluciones del
orden dc 1/10.000 a 1/50.000 por lo menos, proporciona rápidamente frutas de
consumo agradable; es evidente que este forcing sólo ha podido dar resultados
satisfactorios después del estudio a fondo de las propiedades biológicas —en
particular píasmolíticas— del etileno a diferentes diluciones.
El descubrimiento de la acción del etileno se hizo en las condiciones siguientes:
durante años se calentaron los almacenes de limones, en una región de
California, mediante estufas de carbón sin un perfecto desprendimiento de los
gases de la combustión, con lo que se obtenía un amarilleo, es decir, una
maduración rápida de los frutos. En 1913, cuando se reemplazaron las estufas de
carbón por la calefacción central mediante radiadores, no se consiguió lograr el
amarilleo. Se constató que esta maduración no se debía al aumento de la temperatura,
sino a la presencia en la atmósfera de productos de la combustión
incompleta de la hulla. Se emprendió un estudio sistemático de cada uno de los
constituyentes de los gases que se desprendían; hasta 1923 no se identificó al
etileno como el producto activo que provoca el forcing sin quemar las hojas,
como harían el amoníaco o el anhídrido sulfuroso.
La planta del tomate es particularmente sensible a la acción del etileno, y se
produce marchitamiento con epinastia a diluciones de hasta 10-7. Como sea que
el óxido de carbono va acompañado de etileno en el gas del alumbrado, la
prueba de las plantas de tomate permite apreciar indirectamente la presencia de
gas en una habitación con una sensibilidad unas 500 veces mayor a la de la
prueba animal con el canario. He ahí una aplicación práctica inesperada de un
estudio fitotoxicológico.
Para los parásitos de las plantas, los derivados organohalogenados (DDT, HCH,
aldrín, dieldrín, clordano, toxafeno…), organofosforados (paratión, demetón,
malatión, fosdrín, thimet, dimetoato…) rinden grandes servicios debido a su gran
actividad sobre diversos depredadores.
En la actualidad, varios centenares de productos entran en la composición de
varios millares de especialidades fitofarmacéuticas. Es excepcional que estos
productos sean totalmente inocuos. Pueden producirse intoxicaciones durante su
fabricación o bien en su utilización, si se hacen sin precaución. El
incumplimiento de las fechas límite de tratamiento indicadas por la legislación
puede ocasionar que persistan residuos tóxicos en los alimentos y, por lo tanto,
acarrear trastornos más o menos graves al consumirlos.
Todas estas cuestiones que surgen de la fitotoxicología llaman la atención de los
higienistas y reclaman una educación de los usuarios puesta constantemente al
día, si se quieren evitar accidentes en las diversas fases de la fabricación o del
empleo de estos productos.
Estos ejemplos aportan un argumento importante a la necesidad de amplios
conocimientos de fitotoxicología para el desarrollo de las riquezas agrícolas de
un país.
Esta cuestión de la lucha contra los parásitos se extiende, lógicamente, a los
esfuerzos realizados para la protección de los tejidos, de lana en particular,
mediante la destrucción de las polillas, lepidópteros del grupo de los tineidos.
Durante mucho tiempo se han utilizado sustancias volátiles tales como el
alcanfor o el naftaleno, y desde hace algunos años el p-diclorobenceno, pero
actualmente los esfuerzos se encaminan a proteger los tejidos introduciendo en
los baños para tinte productos estables que se adhieran bien a la fibra y que no
presenten ningún inconveniente para las personas que vayan a llevar estos
tejidos. La impregnación mediante sales de bario, de litio o de cerio, muy
tóxicas para las polillas, y el uso de colorantes derivados de los nitrofenoles,
parecen dar buenos resultados, aunque efímeros por el momento debido al
arrastre por los lavados o a la alterabilidad al aire de las sustancias empleadas.
En este caso el problema es muy complejo, ya que si se emplean productos
activos, estos no deben tener ninguna acción nociva para el hombre. La
penetración cutánea de los derivados nitrados es muy conocida debido a su gran
afinidad por los lipoides, por lo que el toxicólogo deberá aconsejar en la
búsqueda de soluciones satisfactorias a este problema de destrucción de insectos
perjudiciales.