Toxicología y toxicomanía

Toxicología y toxicomanía
Desde la Antigüedad, para paliar sus sufrimientos físicos y morales, el hombre
ha sentido la necesidad de recurrir a productos que, introducidos en el
organismo, pueden atenuar el dolor y, además, procurarle un bienestar pasajero.
El hombre ha encontrado siempre en la naturaleza sustancias que ha utilizado
para lograr un estado temporal de alegría y euforia. Al lado del alcohol, de
bíblica memoria, conoció el látex llamado opio que fluye del fruto de la
adormidera, al que se practica una incisión antes de su madurez. El «nhpenqhz»
de Homero, bebida que provocaba el olvido, era probablemente una preparación
opiácea.
La adormidera se extendió de Asia Menor a Persia, la India y después China,
donde su uso habitual tomó considerables proporciones. Por su parte, los
habitantes de América del Sur conocen desde hace mucho tiempo los efectos
producidos por las hojas de coca, empleadas con el fin de producir una
excitación pasajera y una euforia agradable. La coca relaja y hace desaparecer el
hambre y la fatiga, pero dosis elevadas provocan bienestar y la necesidad de
inactividad.
La química ha demostrado que el laboratorio, por síntesis, puede procurar al
hombre sustancias capaces de aliviar el dolor, como las que la naturaleza pone a
su disposición.
Desgraciadamente, toda medalla tiene su reverso; estas sustancias euforizantes
se consumen en exceso y, a causa del hábito, su empleo abusivo provoca en el
organismo trastornos muy graves. Se les llama «estupefacientes» y pueden
definirse como productos tóxicos susceptibles de originar un hábito, una
necesidad imperiosa (toxicomanía) en las personas que los usen por cualquier
motivo, exponiéndolas a una especie de inhibición de los centros nerviosos, de
la que resulta un estado progresivo de inercia física o moral.
Todos estos venenos, naturales o sintéticos, producen los efectos característicos
siguientes:
1.0 La euforia, estado físico y moral buscado por el toxicómano.
2.0 El hábito, que permite llegar a una dosis 300 veces mortal sin provocar
accidentes.
3.0 El estado de necesidad, es decir, el deseo imperioso del veneno.
4.0 El estado de inanición, estado patológico que puede tener consecuencias
muy graves si se priva al enfermo de su veneno cotidiano.
Pese a que las consecuencias del desarrollo de las toxicomanías son, como
vemos, muy graves, la euforia del principio es tan buscada, que esta lacra social
se ha difundido considerablemente.
El morfinómano buscará con preferencia el estado de placer inerte y
contemplativo del nirvana, mientras que el cocainómano busca, ante todo, la
voluptuosidad y la realización del ideal de Nietzsche: voluntad de poder y
excitación psíquica y muscular. El cannabismo tiene también numerosos adeptos
en el Próximo Oriente y en Africa mediterránea; se utilizan las sumidades secas,
floridas o fructificadas, de los pies femeninos de Cannabis sativa L., cuya resma
no ha sido extraída, en forma de preparaciones para fumar y, más raramente, dc
bebidas llamadas bangh, gunjah, charas, kif. Pero el hachís se fuma cada vez
más en América del Norte bajo el nombre de «marihuana».
Junto con estas drogas consideradas oficialmente como estupefacientes, deben
citarse algunos productos capaces de provocar la euforia y el hábito:
el éter, aunque la eteromanía es más bien una manifestación de desequilibrio
psíquico y no provoca hábito; el alcohol, con todas las formas degradantes del
alcoholismo; el peyote, nombre indígena del Echinocactus Williamsji Lem.,
cactácea no espinosa localizada en una región montañosa dc México. El peyote
es una planta sagrada cuya recolección requiere una larga peregrinación y se
acompaña de grandes fiestas. Se emplea en forma de rodajas secadas al sol
(mescal buttons), cuya ingestión provoca la embriaguez acompañada de
alucinaciones coloreadas, por lo que se llama al peyote «la planta que torna los
ojos maravillados».
Todas estas toxicomanías desembocan en un mismo resultado: la degeneración
física y mental del individuo. Es preciso enfrentarse a su expansión, que alcanza
cada vez más a los neuróticos, víctimas de la intensa vida moderna, y esforzarse
en reprimir esta lacra social. Esta es la tarea de las comisiones internacionales de
control de la fabricación y comercio de estupefacientes.
En 1909 se reunía por primera vez, en Shanghai, una conferencia internacional
con el fin de reprimir el tráfico inmoderado del opio en Extremo Oriente, y en
1912 se firmaba en La Haya una convención internacional que servía de base
para la reglamentación de la lucha interior en los diversos países.
Más tarde, la lucha internacional contra la toxicomanía se centralizó en Ginebra,
gracias a una conferencia internacional que desarrolló sus sesiones del 3 de
noviembre de 1924 al 19 de febrero de 1925. Se estableció el control interior de
los estupefacientes en condiciones tales que permitieron, a partir de entonces,
seguir las variaciones de producción y de consumo en cada país, es decir,
reprimir los abusos. En esta materia, los higienistas y los toxicólogos del mundo
entero deben desarrollar una gran labor, pues debido a que hay en juego
poderosos intereses, los esfuerzos de represión a veces son inútiles.
Sin embargo, no debe cesarse en la insistencia, ya que se han alcanzado
resultados notables. Cierto que, como máximo, sólo 1/20 del opio producido en
Asia se consagra a los usos terapéuticos, pero se ha frenado sustancialmente la
superproducción de alcaloides estupefacientes, que era del 80 % de la
producción mundial hace unos 20 años.
Son interesantes algunas cifras para fijar ideas.
En 1932 se estableció que la cantidad de morfina necesaria por habitante y año
era del orden de 0,020 gr., salvo en Dinamarca (0,024), en Islandia (0,027) y en
Kuangtung (0,045; en 1931, 0,070).
Para la cocaína, la cantidad es de 0,007 gr. salvo en Islandia (0,009), en Francia
(0,008) y en Japón (0,015).
En 1939, las necesidades en estupefacientes se evaluaban en 42’354.942 kg de
morfina, 739,583 kg de heroína, 4009,201 kg de cocaína, 660,3 kg de tebaína,
25.864,21 kg de codeína, 2.375,091 kg de dionina y 604 kg de otras drogas.
Productos utilizados como estupefacientes en Francia
Heroína 35
Morfina 28,2
Dihidrohidroxicodeinona 1,5
Opio fumado 9
Clorhidrato de petidina 7,5
Láudano 4,4
Cocaína 3
Cáñamo indiano fumado 1,2
El cuadro que sigue da el detalle para los diversos países en el año 1954.
No todos los países han colaborado en esta lucha ni en la verificación de la
producción o del consumo de estupefacientes, pero las principales naciones productoras
han saneado considerablemente el mercado.
Consumo de los principales estupefacientes en 1954
1954
Morfina Cocaína Petidina
Total Por millón
de
habitantes
Total Por millón
de
habitantes
Total Por millón
de
habitantes
Países
Kg Kg Kg Kg Kg Kg
Alemania
Argentina
Australia
Bélgica
Canadá
Dinamarca
Estados Unidos
Francia
Italia
Japón
Noruega
Nueva Zelanda
Países Bajos
Reino Unido
Suecia
Suiza
Unión Soviética
Yugoslavia
159
67
126
64
70
94
1.175
78
162
156
64
7
69
743
45
22
972
49
3,05
3,57
14,02
7,26
4,61
21,06
715
1,44
3,4
l,77
18,87
3.34
6,S
14,31
6,24
4.45
4.53
2,83
20
36
50
41
33
14
539
99
22
170
5
8
16
141
9
23
299
31
0,39
1,92
5,56
4,65
2,17
3,14
3,28
1,83
0,46
1,93
1,47
3,82
1,51
2,75
1,25
4,66
3,39
1,21
535
287
40
331
106
7.258
296
375
4
41
89
51
1.200
5
39
22
10,35
31,94
4.34
2205
41,68
44,15
546
7,87
0,05
12,09
4252
4,81
23,43
1,11
7.9
1,27
Esperemos que este control se proseguirá eficazmente, a fin de hacer
desaparecer esta plaga mundial tan horrenda como es la toxicomanía que, bajo
las formas más variadas, alcanza a la pobre humanidad, tan deseosa a veces de
encontrar el olvido, pero víctima siempre de los estupefacientes. Paralelamente,
no debe negligirse la lucha contra el alcoholismo, azote más peligroso aún para
la sociedad debido a las taras hereditarias que engendra. La tarea es difícil, pero
noble, para los higienistas de esta rama tan útil de la toxicología: la lucha contra
las toxicomanías y la degeneración del individuo.