Tóxicos minerales
La extracción de tóxicos minerales requiere la separación en forma ionizada del
veneno, que a menudo habrá formado combinaciones más o menos estables con las
materias proteicas de la sangre o de las vísceras; es el caso del mercurio, del plomo
o del cobre. En general, esta separación exige la destrucción de la materia orgánica,
es decir, la mineralización del material en cuestión.
En principio, esta operación es muy simple; estaba ya resuelta a principios del siglo
XIX por simple calcinación de los órganos. Evidentemente, los resultados distaban
de estar a cubierto de toda causa de error. Buscar mercurio o arsénico en el
producto de la incineración más o menos perfecta de vísceras era absolutamente
ilusorio debido a su volatilidad; por ello estas técnicas fueron reemplazándose por
los procesos por vía húmeda que, en la mayoría de los casos, son bastante
satisfactorios cuando se trata de cantidades de sustancia del orden del centigramo,
pero que pierden demasiado a menudo toda precisión, sobre todo en manos inexpertas,
cuando conviene aislar cantidades de mercurio o arsénico inferiores al
miligramo.
En el caso del mercurio esta dificultad se conocía desde hace tiempo. Se sabe que
por simple ebullición de una solución de sublimado al 1/10.000 o al 1/100.000, el
cloruro mercúrico se volatiliza, lo que puede comprobarse con facilidad mediante
un papel reactivo de las sales de mercurio, con nitrato de plata amoniacal por
ejemplo. Cualquier método que trate en caliente los órganos para numeralizarlos,
ocasionará fatalmente pérdidas de este metal. En efecto, a consecuencia de la
presencia de cloruro sódico en los órganos, el mercurio se transformará en cloruro
mercúrico fácilmente arrastrable. Por lo tanto, en una investigación de este tipo,
conviene operar en frío, según la técnica clásica de Ogier con cloro naciente, o en
caliente, según Fresenius y Babo, si se toma la precaución —absolutamente
indispensable— de colocar por encima del matraz donde se produce la
mineralización un dispositivo eficaz de refrigeración a reflujo.
A este respecto, citaremos cifras obtenidas por el autor holandés P. E. Heederick,
de la universidad de Leiden.
Este autor buscó el mercurio en los líquidos de destrucción de la materia orgánica
por el método con cloro naciente, por el de Kerbosch con mezcla sulfonítrica, por el
de mezcla sulfonítrica con un dispositivo a reflujo, por el de Wagenaar con mezcla
sulfonítrica y por el de Stettbacher con ácido sulfúrico y perbidrol.
Investigación del mercurio
Cantidad de mercurio puesta en la experiencia: 0,100 g
Métodos sulfonítricos
Método del
cloro naciente
De Kerbosch De Kerboschcon
reflujo
De
Wagenaar
De
Stettbacher
con H2O2
P.100 recuperado 97,62 18,60 77,10 40,80 98,36
Cuando no se tomó ninguna precaución en el transcurso de la mineralización y,
sobre todo, cuando se calentó más enérgicamente y por más tiempo, las pérdidas de
mercurio fueron notables.
Se comprende que los toxicólogos hayan orientado sus esfuerzos hacia una
destrucción total y rápida de la materia orgánica en vistas al aislamiento, sin
pérdida ni causa de error, del tóxico mineral buscado.
Ante todo, en el estudio de todo metal tóxico es necesario verificar que la
mineralización no provoque ninguna pérdida por volatilización o arrastre.
Por otra parte, en toxicología es preciso esforzarse por realizar una mineralización
total y rápida sin emplear una cantidad demasiado grande de reactivos que puedan
introducir impurezas indeseables (arsénico o plomo). Por ello diversos toxicólogos
han propuesto introducir en la reacción de mineralización un catalizador —como el
manganeso (Denigns)— o una sustancia que provoque una oxidación completa —
como el perhidrol (Stetíbacher, Magnin)—; tal es el caso, igualmente, del ácido
perclórico, más estudiado gracias a las investigaciones de E. Kahane.
El arsénico ha ocupado la atención de muchos investigadores, tanto desde el punto
de vista de la toxicología coipo de la biología general. Parece demostrado que, si la
mineralización se efectúa en un medio lo suficientemente oxidante, no hay que
temer ninguna pérdida apreciable, ya que el arsénico pasa del estado trivalente al
pentavalente, y el ácido arsénico —AsO4H3— no es volátil. Las excelentes
investigaciones de A. Gautier y G. Bertrand sobre el arsénico normal lo lían
demostrado.
Sin embargo, los resultados obtenidos por algunos autores a veces pecan por
defecto, como puede constatarse a partir de las cifras publicadas por P.O.
Heederick:
Investigación del arsénico
Porcentaje de arsénico recuperado
Arsénico puesto en la
experiencia
Método del cloro
naciente
Método sulfonítricos
(técnico. diversa.)
Método de Stettbacher
con H2O2
0,100 98,44 85,80 a 95,26 95,54
0,020 19,66 18,33 a 19,01 18,99
Si la cantidad de sustancia a destruir es importante respecto al arsénico a
valorar, por ejemplo si hay menos de un miligramo de arsénico diseminado en
varios centenares de gramos de vísceras, la dificultad de recuperar la totalidad del
tóxico es mucho mayor.
R. Allcroft y H. H. Green, atacando por diversos métodos 10 g de hígado
adicionado de cantidades variables de anhídrido arsenioso, observan pérdidas tanto
mayores cuanto menor es la cantidad de arsénico.










